Mientras la gente de Microsoft se van a gloria de haber introducido grandes “novedades” como las pestañas en su Internet Explorer 7, la gente de Mozilla lleva meses trabajando en la versión 3.0 de Firefox, la cual promete marcar un antes y un después en el concepto de navegador web que hasta ahora tenemos. Y pienso yo en todo esto a raíz de un meneo que leí hace poco. Y es que hace unos días se publicó la tercera Alpha de Gran Paradiso, la cual se encuentra por razones obvias en un estado demasiado prematuro como para ni siquiera considerar su uso, pero en la que ya se van perfilando las espléndidas novedades de que hará gala, orientadas la mayoría de ellas a hacer de Firefox un sistema capaz de integrar a la perfección las aplicaciones web offline (por contradictorio que pueda sonar este concepto).
El uso más extendido de esas aplicaciones hasta ahora es el de suite ofimáticas como las de Google, que pretenden competir con Microsoft Office ofreciendo procesadores de texto, hojas de cálculo y similares, pero de forma gratuita por web. La intención de potenciar estas herramientas con Firefox 3.0 hará que se explore con más profundidad este terreno que tanto juego puede darnos en el futuro. Para conseguirlo, se incorporará compatibilidad con Document Object Model, sincronización en línea de nuestro trabajo, etc. Todo ello va en contra de la forma tradicional de entender el software, pues ahora las aplicaciones no se instalarán en el ordenador de forma independiente, sino que las ejecutaremos desde la Red. Esto gustará a unos y asqueará a otros, pero está claro que no dejará indiferente a nadie.



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